Donde manda general no manda Coronell

“La solución para atacar la fiebre no es romper el termómetro”, afirmó el periodista colombiano Daniel Coronell a propósito de la cancelación de su columna en la revista Semana. ¿Enfrenta la libertad de prensa en Colombia la amenaza de una febril y peligrosa ‘Ley mordaza’? 

Por Genio Tropical

Coronell, periodismo fuera de la zona de confort. (Foto: revista Semana)

Para quienes siguen la actualidad nacional de este país del merecumbé que es Colombia, la noticia de que a Daniel Coronell —columnista estrella de revista Semana desde 2005, y quizás uno de los periodistas más audaces en la prensa escrita de esta República Bananera co-piloteada por peones con micrófono a sueldo como Arizmendis, Gurissatis, Vélez, y Morales— le haya sido cancelada su columna en la publicación dirigida por Alejandro Santos, es un mal presagio que indica que la larga mano negra –y diestra— del patriótico, ‘autocrático’ y hoy por hoy errático Centro Democrático, sigue ahorcando, bien sea a nombre propio o motivado por la actitud de autocensura de los socios de Publicaciones Semana, la tan cacareada libertad de prensa que en Colombia tiene poco de libertad y bastante de cacareo.

El ‘tweet’ que prendió la ‘matasuegra’.

Por un par de días y luego del foro en el que Semana convocó a María Jimena Duzán, Daniel Samper, Vicky Dávila (¿?) y al mismo Daniel Coronell para debatir sobre los recientes hechos que acarreó la publicación de la investigación del New York Times sobre las tenebrosas directrices del Ejército Nacional, ingenuamente llegamos a pensar que vivíamos en alguna nación libre y democrática del Primer mundo y que presenciábamos una reivindicación del libre pensamiento y la imparcialidad periodística. “En Semana se puede discrepar y eso es importante”, dijo en un momento Coronell en el foro bautizado con el hashtag #loscuatrosdesemana, acerca de su columna titulada ‘La explicación pendiente’, en la que el periodista cuestionaba a la revista por no haber publicado, a pesar de tener la información desde febrero de este año, las órdenes del comandante del Ejército de Colombia, el general Nicacio Martínez, indicando a sus subalternos duplicar las bajas y capturas y “no exigir perfección” a la hora de conducir operaciones militares, una versión reencauchada que nos parecía devolver a los albores de la Seguridad Democrática y que el país pronto interpretó como el regreso a la oscura época de los falsos positivos del gobierno de Mr. Álvaro “Rambo” Uribe Vélez.

López Caballero, el director de orquesta de Semana.

Pues bien, tanta corrección política no habría de durar mucho y el martes en la tarde la noticia de que Felipe López, fundador y accionista de Semana, le había comunicado la decisión de la empresa de cancelar la publicación de su columna a Coronell, se extendió con la fuerza de un tsunami por medios y redes sociales. En las horas siguientes a la publicación de la noticia por el mismo columnista en su cuenta de Twitter, la primera víctima —además, claro, de nuestra siniestrada libertad de prensa—, fue la misma revista, cuyos seguidores de Twitter emprendieron un masivo éxodo de dimensiones bíblicas y casi venezolanas: casi 40.000 seguidores solo entre los días martes y miércoles, dieron ‘unfollow’ a @RevistaSemana. Las voces de lectores indignados que manifestaron su deseo de no renovar su suscripción a la edición impresa y la de miles de ciudadanos que expresaron su apoyo al columnista no tardaron en elevarse.

A solo unos días de todo este arroz con mango que augura tener un posterior desarrollo y ser la noticia del año en el complejo universo de los medios en Colombia, desde Genio Tropical hemos decidido hacer un Top 10 con una serie interrogantes sobre esta historieta Made in Macondo que siembra un manto de duda sobre el estado de la libertad de prensa, la salud de nuestra democracia y el inmediato futuro político del actual partido de gobierno que ocupa la presidencia de nuestro país. Ahí les van:

1) ¿Hicieron un cálculo frío los socios de la revista —Felipe López y el Grupo Gilinski, propietario el último del 50% de las acciones de publicaciones Semana — de las implicaciones que para la revista tiene prescindir de la colaboración semanal de Daniel Coronell cuya columna, se afirma, es responsable del 30% del tráfico en internet de la publicación?

2) En ese mismo sentido, y suponiendo que los intereses políticos y económicos de los socios de la publicación hayan estado por encima del derecho de los lectores a estar oportuna y objetivamente informados, ¿para quién está realmente trabajando Publicaciones Semana? ¿Para el gobierno de turno o para sus lectores?

3) ¿Qué estrategia para capotear la crisis de credibilidad que deja el ‘affaire Coronell’ adoptará la revista?: ¿Echarle tierra al asunto esperando que las aguas se calmen?, ¿pronunciarse de manera clara sobre los recientes hechos dando lugar a conceder la explicación pendiente?

Portada de la edición dominical del New York Times con la noticia que puso a temblar al ‘establishment’ nacional.

4) ¿Tendremos los lectores de Semana que pagar la suscripción al New York Times para enterarnos de lo qué pasa en Colombia? ¿Incluye la suscripción del ‘Times’ una promoción para hacer un curso de inglés por un año?

5) ¿Se viene una ola de renuncias —desde su director, pasando por diferentes columnistas— en la revista? ¿Qué mensaje envía la cancelación de la columna de Coronell a los otros columnistas de Semana que quieran denunciar en sus columnas al gobierno actual?

6) ¿A qué tanto le teme el Centro Democrático o sus alfiles en los medios (recordemos la censura a Santiago Rivas, del programa “Los puros criollos”, en la que se vio envuelto Juan Pablo Bieri cuando era gerente de RTVC) para que hayan establecido, de facto, una Ley Mordaza?

La columna de Coronell: la ‘tormenta perfecta’.

7) Al ritmo de un escándalo semanal, ¿no les parece que la tasa de enredos, malas decisiones, mentiras y ocultamientos de la presidencia de Duque y su partido hacen de este el peor gobierno de los últimos tiempos? 

8) ¿A qué riesgo de dictadura ‘a la venezolana’ se refería el Centro Democrático en la pasada campaña electoral, refiriéndose, claro está, a la probabilidad de ser presidente del candidato Gustavo Petro, cuando hoy vemos que el gobierno de turno tiene ‘secuestrados’ a los medios de comunicación?

9) ¿Estamos ante los últimos estertores —patadas de ahogado, dirían algunos— del Centro Democrático en Colombia? 

10) Y por último, aunque no menos importante, ¿conservamos o será que ha llegado el momento de cancelar nuestra suscripción a Semana?

Panamá, más que malls

Ciudad de Panamá, una urbe entre el océano y la selva.
365 islas conforman el Archipiélago de San Blas, un edén en el Mar Caribe.
El Valle de Antón, en la Provincia de Coclé: 50 tonos de verde.
Arte Latinoamericano en el Museo de Arte Contemporáneo –MAC.
El Canal de Panamá, desde el Centro de Visitantes de Miraflores.
El Mercado de mariscos de Panamá, parada gastronómica obligada.
¿Amigo de hacerle fotos a la comida? No se pierda el Mercado de mariscos para su próximo storie.

Más allá de sus rascacielos y centros comerciales,  Panamá y su exuberancia natural, su reciente historia y una idiosincracia caribeña a orillas del Océano Pacífico, depara mucho por descubrir.

Por Alberto M. Coronado

Con algo más de 4 millones de habitantes distribuidos en 75420 kilómetros cuadrados de selva verde esmeralda y costas sobre el Mar Caribe y el Océano Pacífico —Bogotá, la capital colombiana, apiña a 8 millones de almas en tan solo 1750 kms2—, podría decirse que si algo les sobra a los panameños es espacio.

Desde el archipiélago de San Blas con sus 365 islas en el Caribe, una para cada día del año, y solo 80 de ellas habitadas por un número de personas que apenas llenarían un estadio de fútbol, hasta el archipiélago de las Perlas, bautizado así por los españoles durante la colonia por ser lugar en el que abundaban estas estimadas gemas —hoy sitio predilecto para el avistamiento de tesoros naturales como ballenas jorobadas y cientos de especies marinas—, Panamá es mucho más que malls y lujosas propiedades horizontales. Pero ¿qué planes hay para hacer cuando se pisa tierra en el país vecino? Genio Tropical te da algunas sugerencias.

El reino del mar: con casi 2500 kilómetros de costa en dos mares, Panamá ofrece a sus visitantes infinidad de planes de mar. Lugares como el archipiélago de San Blas, con sus cientos de playas vírgenes de arena blanca y aguas turquesas repartidas en 365 islas en las que no encontrará grandes resorts ni vendedores ambulantes, pues muchas de ellas son administradas por indígenas de la etnia Kuna, son algunos de los destinos a los que se puede llegar por vía terrestre o aérea, aterrizando en el poblado isleño de El Porvenir. San Blas es el plan perfecto para aquellos viajeros que desean desconectarse del vértigo de la tecnología y volver a épocas más serenas durmiendo en una cabaña a pocos metros del mar, careteando con rayas y tortugas o conviviendo con familias Kuna que lo llevarán de vuelta a la vida isleña de las comunidades asentadas en este edén caribeño. Recomendadas: las islas Franklin; Cangrejo, y Estrella, la cual toma su nombre de los cientos de estrellas marinas que habitan sus aguas.

El pueblo que fue un volcán: ubicado a dos horas de Ciudad de Panamá en la caldera de un volcán extinto se encuentra el Valle de Antón, un pueblo de la central Provincia de Coclé rodeado por montañas y desde cuyos senderos se puede apreciar el Océano Pacífico. A medida que se asciende por la carretera que lleva a este pueblo, la vista de pintorescas casas en las que familias del lugar venden toda clase de coloridas artesanías y su clima fresco anuncian la proximidad de este destino natural rodeado de montañas y bosques nublados en donde se pueden practicar actividades al aire libre como senderismo, escalada, canopy, montañismo, paseos a caballo y observación de aves. El Cerro la India Dormida, cuyo filo se asemeja a la silueta de una mujer acostada y puede recorrerse en un sendero de 15 kilómetros, o el zoológico El Níspero, que reúne en un hermoso paraje a más de 94 especies de la fauna americana entre aves, anfibios y felinos, así como un centro para la conservación de anfibios a cargo del Instituto Smithsoniano, son algunos de los planes obligados de este paraje.

Dos museos, un solo país: el pasado reciente y el futuro de Panamá se encuentra íntimamente ligado a su Canal, y el Centro de Visitantes de Miraflores, ubicado las esclusas del mismo nombre, en pleno Canal, es un espacio museográfico creado para conocer no solo la historia del Canal Interoceánico de Panamá y las anécdotas de los logros de la ingeniería norteamericana que permitieron su construcción, sino un testimonio del pasado biológico de la zona, el encuentro de diferentes culturas caribeñas y orientales encargadas de acometer esta obra y proeza humana, así como la posibilidad de apreciar en vivo y en directo el funcionamiento de las esclusas y el paso de los buques por el Canal. Para quienes se encuentren interesados en apreciar parte de la oferta cultural y artística de Panamá, el Museo de Arte Contemporáneo —MAC—, ubicado en la Avenida de los Mártires con Calle San Blas, posee una colección de más de 650 obras con piezas que van desde el siglo XX hasta la actualidad, y creadas por artistas panameños y artistas internacionales que dejan entrever la producción plástica de este país centroamericano en un espacio artístico con una intensa programación de talleres, eventos y actividades de formación.

Paladar de oriente, paladar de mar: si después de recorrer todos estos destinos siente hambre, Ciudad de Panamá tiene una inmensa oferta de restaurantes con lo mejor de la cocina internacional a la que se suma una no tan selecta pero extensa lista de establecimientos de franquicias de comida rápida norteamericana. Dejando al lado la etiqueta y la comida de cartón, recomendamos dos lugares sencillos pero con una oferta culinaria que no debe pasar por alto. El restaurante chino Golden Unicorn, que reúne las tradiciones de la cocina china —precisamente la de los chinos es una de las grandes migraciones de este país— en una amplia carta no apta para indecisos y en donde no podrá dejar de probar su tradicional dim sum a modo de desayuno. Si lo suyo es la comida de mar, no deje de pasar por el Mercado de Mariscos cercano al casco viejo de Ciudad de Panamá, donde diferentes establecimientos sirven ceviches, cócteles de mariscos y bandejas con diferentes frutos del mar acompañadas con patacón y papitas fritas. Allí, al son de música Salsa y una buena cerveza nacional podrá disfrutar de comida recién pescada a los mejores precios.

Alberto M. Coronado: periodista y editor. Ha trabajado para las revistas colombianas Dominical y Latitud, del diario El Heraldo, así como para la Organización de Naciones Unidas. Crónicas suyas han sido publicadas en las revistas Soho y Avianca en revista, y el portal web de música y cultura latinoamericana Sounds and Colours. Actualmente es editor del e-zine Genio Tropical. Ig: @whoiscoronado

 

 

De confusiones y extrañamientos

Desde Alemania, un relato que demuestra por qué la nostalgia también se siente en el estómago.

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¿Kiosk o arepa e huevo? (Fotos: Zoetnet y Paula Rodríguez, Flickr)

Por Efraín Villanueva

El fin de semana me antojé de una arepa e huevo.

En mi apartamento, veía al Borussia Dortmund contra el Schalke 04, una rivalidad regional posguerra de 36 victorias para el primero, 35 para el segundo y 34 empates. Para mí, un partido cualquiera. Crecí viendo al Junior cuando el Unión Magdalena ya estaba en la B. Así que nunca pude sentir la pasión urgente que estos clásicos producen.

Lo cierto es que me dieron ganas de una arepa e huevo. Y digo una, pero seguramente habría comido dos, incluso tres. El antojo venía acompañado de suero, pero me conformaba con salsa rosada o ají picante. Miré el reloj: cuatro de la tarde en Alemania, diez de la mañana en Barranquilla.

El BVB anotó: 2 – 0. El comentarista gritó un “Toooaaa” de tres segundos y su compañero de set hizo un comentario igual de breve. Los Ultras del BVB cantaban y saltaban. No sólo porque es lo que hacen sino porque es lo esperado en la tribuna sur del Westfalenstadion: en los partidos de la Bundesliga, se remueven los asientos de esta zona y la capacidad pasa de 10.500 espectadores sentados a 25.000 fanáticos estallando. La muralla amarilla, le llaman.

El primer tiempo finalizó con un inesperado 4 – 0. Los comentaristas no lograban disimular su emoción y, por primera vez en dos años, escuché sus voces usualmente calmas transformadas en alaridos, cual narrador latinoamericano, aunque sin la música tropical de fondo que nos ponen para alentar el consumo de alcohol y, de paso, el espíritu de los televidentes. Decidido a satisfacer mi antojo, caminé a la tienda de la esquina. Acá las llaman Kiosk.

La encargada, de pinta turca, me saludó con efusividad y me preguntó qué se me ofrecía. Busqué la vitrina de los fritos, pero por más que estiraba el cuello y escrutaba el local, sólo encontré estantes repletos de paquetes de papas, cigarrillos, botellitas de schnapps, dulces varios, pilas interminables de cajas de cerveza, algunos sánduches. Miré a mi alrededor con el desconcierto del sonámbulo que se descubre fuera de su cama. Geanni, la pizzería brasilera; Casa Italia, el restaurante italiano de los polacos que también tienen un negocio de trasteos; Lifestyle, el biergarten alemán de diez metros cuadrados; Urfa, mi local de Döner Kebap favorito. Entonces recordé que, por mucha diversidad que encontrara en el barrio, lo cierto es que no venden arepa e huevo, que los alemanes sirven la mayonesa y la salsa de tomate en cantidades industriales, pero nunca las revuelven (y cobran por ambas), que cualquier ingrediente picante es asociado con Turquía y que decir suero costeño carece de significado.

Ordené un pan de rollo con wurst (salchicha) y mostaza y lo acompañé con medio litro de Kronen, la cerveza local. Un tentempié de buen sabor y, mi suegro insiste en ello, altamente saludable, especialmente por la cerveza. Pero la añoranza por la arepa e huevo se negaba a irse y luego del tercer mordisco, lo juro, sentí en mi boca y en mi paladar que era eso lo que comía. Ni siquiera la falta de sol me quitaba el gozo.

Al final del segundo tiempo, el cuarto árbitro otorgó siete minutos de juego adicionales. El Schalke 04 marcó el cuarto gol del empate en el cuarto minuto de reposición. Sobre las calles cayó una noche temprana de otoño y, junto a ella, un lamento gigantesco que cubrió la ciudad.

Efraín Villanueva: escritor colombiano radicado en Alemania. Es MFA en Escritura Creativa de la Universidad de Iowa y tiene un título en Creación Narrativa de la Universidad Central de Bogotá. Sus trabajos han aparecido, en español y en inglés en publicaciones como Granta en Español, Revista Arcadia, El Heraldo, Vice Colombia, Literal Magazine, Roads and Kingdoms, Little Village Magazine, entre otros. Su libro Tomacorrientes inalámbricos fue publicado en 2018 en Colombia por Collage Editores.

Tubará, ping-pong en Genio Tropical

Desde Argentina, vía mail, pregunta va y pregunta viene en una breve visita al universo de los lideres de esta agrupación colombiana de Roots & Reggae Caribe.

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Tubará, Reggae Power caribeño

Por Laura Camargo

Tubará es una agrupación del Caribe colombiano cuyo sonido, una amalgama de jazz y reggae, se enmarca en un estilo en el que la melodiosa voz femenina de Paola Ramírez Severino, junto a la batería de Milo Romero (la agrupación también la conforman Ana Milé Cabrera en la trompeta; las guitarras de Orlando Jímenez y Jonathan Cabrera; Manuel Sarmiento en el bajo; el saxo de Jesús Luna, y Andrea Castell en el trombón), transmite un mensaje al tiempo romántico y de protesta social. Después de su exitosa gira por México hace unos meses, este par de músicos están terminando de crear nuevas canciones y brindando shows en diversos espacios a nivel nacional. En el ping-pong de Genio Tropical, una charla desde Argentina con los músicos caribeños.

¿Un disco que los haya marcado a temprana edad?
Paola: Con el corazón  en la mano, el primer álbum de Aterciopelados.
Milo: más que un disco, una canción: ‘Brigadier Sabari’, de Alpha Blondy.

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Contracarátula de ‘Con el corazón en la mano’ (1993), de Aterciopelados.

¿Un paisaje o lugar que los inspire para crear?
Paola: cualquiera.
Milo: el de Tubará, en el Atlántico colombiano.

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La restaurada iglesia de San José de Tubará.

¿Con qué personaje costeño les gustaría salir de fiesta en carnavales?
Paola: con cualquiera de las Matronas que estuvieron en la batalla del Chuchal.
Milo: con Joselito Carnaval, obvio.

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Joselito Carnaval… ¡Ay Joséee!

¿Un elemento que les parezca imprescindible para lograr una paz duradera en Colombia?
Paola: justicia social.
Milo: tolerancia.

¿Último libro que leyeron y les gustó?
Paola: Entre noche y día, de Khalil Gibrán.
Milo: El arte y la creación de la mente, de Elliot W. Eisner.

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¿Desayuno favorito?
Paola: tinto con alguien.
Milo: patacón con queso.

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Su majestad, el patacón con queso.

¿Una afición además de la música?
Paola: soy una artesana.
Milo: el lenguaje audiovisual.

¿Algo que hayan querido aprender a hacer y aún no han logrado?
Paola: pararme de manos sin la pared.
Milo: tocar piano.

¿Canción preferida de Hacia el mar, su álbum de 2017?
Paola: ‘Canción a Joan’.
Milo: ‘En las tablas’.

¿Un artista que les parece que ha sido menospreciado?
Paola: Todos aquellos que tejen las cosas que se ponen los demás, porque las industrias y los diseñadores no los nombran.
Milo: José Rebimbas, y no porque no lo valoren, sino porque no ha recibido el reconocimiento que se merece su carrera musical.

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José Rebimbas, camellador del Rock.

¿Uno sobrevalorado?
Paola: Farina.
Milo: Muchos reggaetoneros

¿Disco del año en la escena local?
Paola y Milo: Mi Tonada, de Tonada, agrupación de bullerengue.

¿Planes para los próximos meses con Tubará?
Un nuevo álbum, muchos conciertos, buena energía ¡Todo lo bonito!

Escucha a Tubará en Spotify:

 

 

 

 

“En Santa Marta falta full que nos creamos el cuento del rock”

Una entrevista a Fabián Díaz Granados, líder de la agrupación costeña Astronova.

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Astronova en una sesión de ensayo. Foto: Andrés Coronado.

Por Alberto M. Coronado

Si de referencias musicales se habla, Santa Marta, en la costa Caribe colombiana, es una de las perlas americanas del ritmo tropical.

Potencia del perreo, del propio vacile efectivo, provincia del vallenato que se baila pegado frente con frente, del Estéreo Beach, y sede (esperamos no más de una vez al año) del lisérgico y pirotécnico Storyland, cuando de rock se trata el cuento se reduce significativamente a una minoría fiel que de manera silenciosa aparece llenando los pocos escenarios dedicados a este género y ocasionales conciertos, para, de la misma manera que llegó, desaparecer en la noche detrás de las bambalinas de sus cuartos y garajes, lugares donde la magia de la distorsión y los riffs ocurre todos los días del año.

Pues bien, en días pasados los asistentes al llamado templo del blues y el rock que es Crab’s Bar, en el centro histórico de la ciudad, tuvieron la oportunidad de pillar el eléctrico, electrizado y electrizante concierto de la banda samaria Astronova, que se fajó una corta pero sustanciosa sesión de rock ‘Made in Macondo’, con espacio suficiente para poner al día algunas versiones de anteriores composiciones y 4 canciones nuevas –relajo de feedback y experimentación incluido—, en un venue atiborrado de público curioso. 

Genio Tropical conversó con Fabián Díaz Granados, cantante y guitarrista de la agrupación, quien junto a Guillermo León en el bajo y Beto Zea en la batería, fueron los encargados de distorsionar los aires tropicalongos de la noche samaria.

Alberto Mario Coronado: ¿Qué pasó con Astronova durante estos años?, ¿cuál fue la chispa que los llevó a tramar un reencuentro musical?

Fabián Diaz Granados: Ha pasado algún tiempo y lo hemos aprovechado al máximo para madurar como personas y como músicos, para intentar nuevas dinámicas, para componer. Ha sido un tiempo de mucho trabajo a puerta cerrada. Decidimos bajarle a los toques por un tiempo y ahora que ya nos sentimos a gusto con las nuevas canciones y el sonido que está tomando la banda, pensamos que era hora de probar en vivo.

A.M.C.: En su reciente concierto en Crabs los asistentes apreciaron una faceta más experimental y versátil de Astronova, de alguna manera más sintonizada con lo que está ocurriendo con cierto movimiento actual en el rock. ¿Crees que el destino y los años les han permitido ganar en cultura musical.

F.D.G.: Nos alegra conectar con el público porque el rock es un asunto de gente activa, de gente que participa. De esto se trata cada vez que nos subimos al escenario. Lo que no es calculado es encajar en algún movimiento actual, musicalmente hablando. Creo sin duda que a diferencia de cuando empezamos, la gente entiende un poco más nuestro sonido, actitud e influencias. Por esa razón, y aunque no lo esperaba, Crab’s estaba full house esa noche. Fue una grata sorpresa, nos sentimos muy complacidos.                                                                                        (Mira aquí el video de la presentación de Astronova)                                                             

El rock hecho en la ciudad de Santa Marta, Colombia, aunque menos común que otros géneros musicales, muchos de ellos tropicales, parece estar explorando caminos menos convencionales que los sonidos de agrupaciones de otras ciudades. ¿Cómo explicar este fenómeno?

Todavía falta para poder hablar de una escena nacional de rock alternativo. Creo que la gente aun tiene que expandir más su cultura musical. A diferencia de otras épocas cuando las bandas de rock imitaban a las tres mismas bandas que han escuchado e idolatrado toda su vida: Metallica, Guns and Roses y Nirvana, dos de ellas me gustan, no te voy a decir cuál es la que no (risas), hoy hay que ampliar los horizontes musicales pues la acumulación de esta información nos permite saber a ciencia cierta qué es lo que está en el corazón de cada uno como músico. Santa Marta tiene muchas ventajas con respecto a otros puntos geográficos porque recibe un montón de influencias que pueden ser bien aprovechadas. Quizás eso explica cierto eclecticismo de nuestra música.

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Set list del concierto de Astronova. Los rockeros también desayunan Kellogg’s.

Existen en Santa Marta bandas, estudio, ensayaderos, publico y escenarios para el rock, pero no existe una verdadera escena rockera, ¿qué crees que falta en la ciudad para que el género evolucione?

Creo que lo que falta es que los samarios se crean el cuento. Que no crean que lo que pasó en Monterrey o Seattle en los 90’s es algo lejano e imposible. Y no es sólo algo que sucede en el rock, pasa también con otras expresiones artísticas. Hay gente con un talento increíble, pero su trabajo es hoy invisible.

¿Qué planes tienen para 2018 con Astronova?, ¿hay banda para rato?

Los planes son hacer música. Estamos en la pre-producción de nuevo material que esperamos esté listo en el segundo semestre del año y poder promocionarlo por toda Colombia. Sí, nuestro plan es jubilarnos jóvenes con las regalías de nuestro primer álbum (risas).

Alberto M. Coronado: periodista y editor independiente . Ha trabajado para las revistas Dominical y Latitud, de El Heraldo, así como para diferentes fundaciones del ámbito cultural en el Caribe colombiano. Artículos suyos han sido publicados en las revistas Soho, de publicaciones Semana, y el portal web de música y cultura latinoamericana Sounds and Colours. Actualmente es editor de el e-zine Genio Tropical.

 

Nocturno en Mi bemol para una bella y una bestia

The Shape of Water (La forma del agua) deslumbra por su fantástica historia y una gran puesta en escena, a pesar del discreto encanto de un hombre-pez a prueba de agua y de drama.

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Elisa Esposito y su amada criatura anfibia, idilio sin fronteras.

Por Alberto M. Coronado

The Shape of Water (La forma del agua), la nueva cinta en la filmografía del director mexicano Guillermo del Toro, retoma el motivo detrás La bella y la bestia, cuento de hadas francés del siglo XVIII, para actualizarlo en una fábula romántica, cómica, ‘dark’, y a su manera, política, que tiene lugar en los Estados Unidos de los años 60, época de tensión racial y Guerra Fría.

Es también el filme que alguien en la Casa Blanca debería llevar a ver a Donald Trump, pero ‘Mister Make Great America Again’ no parece ser un gran adepto al cine.

A medida que nos sumergimos —literal y metafóricamente— en la película, somos espectadores de la vida de Elisa Esposito, interpretada por la actriz inglesa Sally Hawkins, quien junto a Zelda Fuller (Octavia Spencer), trabaja como personal de aseo en un laboratorio gubernamental manejado por militares y en el que se llevan a cabo pruebas científicas.

Un día, al laboratorio es llevado un nuevo ‘recurso’, encarnado en el escamoso cuerpo de una criatura mitad pez, mitad humano con agallas, mitad dios… o dios completo, que importado de Suramérica promete tener la fórmula secreta para viajar al espacio, y derrotar a los rusos en la reñida carrera espacial.

Pues bien, no pasa mucho tiempo para que el amor a primera vista inter-especies haga lo suyo y pronto Elisa, quien es muda y huérfana, se embarca en un idilio amoroso al mejor estilo de un cuento de hadas hollywoodense con la no tan expresiva criatura que permanece en cautiverio a manos del antagonista y estrafalario coronel Richard Strickland (Michael Shannon), representación en traje y corbata del racismo, el sexismo y otros ‘ismos’ del clásico cowboy gringo.

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El Coronel Richard Strickland, el malo del paseo, en una de las escenas del filme.

The Shape of Water es un relato fílmico con momentos de una belleza única que nos recuerda la época dorada de los musicales de Hollywood y evoca, en el caso de Sally Hawkins, su protagonista, las interpretaciones de actores como Charles Chaplin, Audrey Hepburn, y Buster Keaton. Los constantes homenajes a la música de Benny Goodman, Glenn Milles y Serge Gainsbourg, van dando forma a un universo oscuro y nostálgico marcado por una particular poética del agua, pero a pesar de su gran despliegue visual y el magnetismo de sus imágenes, esta película que tanto alude a lo líquido y su continuo movimiento —oh, paradoja—, parece estancarse en algún punto debido a la extrema inmovilidad física y dramática de un hombre-pez-semidiós que sólo come huevos tibios, tiene que estar confinado al reducido espacio de una bañera, y cuyo mayor despliegue de acción, además de comerse a un gato, son algunos ‘milagros’ que hubieran podido explotarse de mil maneras creativas para cautivar al espectador con un héroe más audaz y empático. (¿Recuerdan a E.T., el extraterrestre, escapando por los aires en bicicleta?)

De cualquier modo, las 13 nominaciones a los premios Oscar de una cinta que en tiempos de Mr. Trump reúne en un mismo relato a una mujer muda y huérfana al lado de una mujer negra oprimida por el matrimonio, un artista homosexual y una exótica criatura inmigrante mitológica, todos ellos vigilados y perseguidos por la misma encarnación del ‘role model’ intolerante y facho del malo del paseo, le garantizan desde ya a The Shape of Water más de una estatuilla dorada en el edulcorado y autorreferente mágico mundo del Rey Midas que es Hollywood.

Alberto M. Coronado: periodista y editor independiente . Ha trabajado para las revistas Dominical y Latitud, de El Heraldo, así como para diferentes fundaciones del ámbito cultural en el Caribe colombiano. Artículos suyos han sido publicados en las revistas Soho, de publicaciones Semana, y el portal web de música y cultura latinoamericana Sounds and Colours. Actualmente es editor de el e-zine Genio Tropical.

Los escritores del Boom-mento

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Ilustración: Ward Jenkins, Flickr.

Por John Better

Dedicado a mi amado Pity.

Los escritores del momento escriben para que los quieran más sus amigos.
Los escritores del momento son blancos como una hoja de papel.
Los escritores del momento citan con frecuencia a Barthes y nunca a Bart Simpson: ¡Ay, caramba!
Los escritores del momento son menos de 39.
Los escritores del momento son menores de 39.
Los escritores del momento se recomiendan entre sí. Se reconocen entre sí, husmeándose el trasero como acicalados poodles sin recato.
Los escritores del momento respiran literatura, sudan literatura, comen literatura y defecan libros con aroma a “literatura”.
Los escritores del momento tienen amigos poderosos y detractores amorosos como yo.
Los escritores del momento no se juntan con escritores que no sean del momento.
Los escritores del momento son políticamente correctos y a futuro serán los políticos del momento.
Los escritores del momento saben en qué palo trepan y como los monos poseen algo de inteligencia.
Los escritores del momento carecen de ritmo pero siempre son invitados a todos los bailes.
Los escritores del momento son perfeccionistas del lenguaje, un punto mal colocado puede dejarlos en estado de coma.
Los escritores del momento tienen su centro de operaciones en una fría ciudad del país, pero toman el sol cada año en una ciudad amurallada de la que no HAY mucho que decir.
Los escritores del momento exhiben libros hasta en sus baños, por lo general ejemplares de otros colegas del momento.
Los escritores del momento vienen de un lugar maravilloso llamado ARCADIA.
Los escritores del momento nunca se salieron de los márgenes del cuaderno.
Los escritores del momento nunca tendrán la última palabra.
Los escritores del momento no tienen vicios conocidos, pero algo oscuro siempre se cuece en la publica decencia.
Los escritores del momento también ríen, lloran, sufren, toman antidepresivos, son como usted o como yo. No son culpables de nada. Son gente con estrella y buena fortuna, a diferencia de usted y yo. Fueron los elegidos por los “altos monarcas de la literatura”. Tenemos que acogerlos, tratar de quererlos, intentar leerlos o darles un pastelazo en la cara si usted cree que este es el momento.

Nota final: cuando dije los escritores del momento, hablé de hombres. De las escritoras ya nos ocuparemos en otro momento.

John Better: escritor barranquillero. Su novela ‘A la casa del chico espantapájaros’ fue publicada por Emecé editores – Planeta en 2016.

 

“La lectura no se destruye, solo se transforma”

Una entrevista desde Miami a Nathaniel Sandler, director y fundador de Bookleggers Library, una iniciativa que promueve la lectura a través de una verdadera fiesta de los libros y la literatura en la Capital del sol.

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Nathaniel Sandler, la versión ‘Miami Vice’ de un traficante de libros.

Por Clarita Spitz

Los libros aparecen en los lugares más inesperados. De un tiempo para acá los podemos encontrar sobre la banca de un parque o en el asiento de un bus en Bogotá, como si alguien los hubiese dejado ahí por descuido, o en los buzones de las estaciones del Metro de Medellín, de donde los usuarios se los llevan gratis, con el compromiso de devolverlos después de haberlos leído y compartido. También en Barranquilla tenemos iniciativas como Leer es una Fiesta, con actividades en torno a los libros y la lectura en cafés, parques o centros comerciales.

Entre los eventos que se destacan en la escena cultural de Miami encontré recientemente la Bookleggers Library, que podría traducirse como Biblioteca de Contrabandistas o Traficantes de Libros. Se trata de una biblioteca móvil comunitaria, que aparece en la ciudad una vez al mes y regala libros, una especie de fusión entre biblioteca y librería de segunda mano. El nombre, un tanto críptico y misterioso, atrapó mi imaginación. Decidida a investigar más a fondo, contacté a Nathaniel Sandler, su director y fundador. Intercambiamos un par de correos electrónicos y mensajes de whatsapp, y así surgió esta entrevista.

A través de Bookleggers, Sandler busca poner la literatura al alcance de más miamenses, recolectando y redistribuyendo libros usados y dándoles una segunda oportunidad de vida para que otros puedan leerlos. De tal manera organiza eventos en los lugares más inesperados e insólitos, como parques, galerías de arte, museos, bares y escuelas, donde regalan libros a los asistentes.

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Los ‘bookboxes’, libros disponibles para retirar las 24 horas del día.

“Siempre tenemos libros y algo más” —explica— “No se trata sólo de los libros, se trata de la comunidad. En estos eventos todos reciben un libro gratis; si alguien quiere canjear sus libros, aceptamos trueques directos, un libro por un libro, y si alguien desea más le vendemos otros por US $2.00”. Como un auténtico bibliotecario, Nathaniel disfruta recomendando y comentando con los asistentes, y estampa cada libro que sale con el sello EX LIBRIS BOOKLEGGERS LIBRARY, como en una biblioteca real.

Además, instala en las calles cajas de libros, o bookboxes, con libros disponibles para retirar gratis 24 horas al día, y construye bibliotecas para empresas, instituciones y organizaciones sin ánimo de lucro, como hospitales infantiles y refugios para indigentes o víctimas de abuso o maltrato. Las llama bibliotecas semi permanentes, pues considera que no existe ninguna biblioteca permanente. “Las bibliotecas tienen la curiosa costumbre de ser destruidas. La biblioteca más grande que ha existido es la de Alejandría y ya no está con nosotros. Fue reconstruida, de acuerdo, pero no es la misma biblioteca. Un ejemplo reciente es la Biblioteca de Bagdad, que las fuerzas estadounidenses destruyeron por completo en 2003. Tenía miles de años y simplemente, ¡¡pfff!, Se esfumó. Decir que una biblioteca es permanente, sería como decir que el Titanic era indestructible ”, afirma.

Clarita Spitz: Nathaniel, háblanos de ti y de tu trabajo…
Nathaniel Sandler: Soy escritor y además de dirigir la Biblioteca Bookleggers trabajo con colecciones de museos. Escribo para el Museo Vizcaya, la sección de Colecciones Especiales de la Universidad de Miami y el Museo de Ciencias Frost. Hago lo que yo llamo escritos sobre colecciones (collections writing). Aproximadamente el 95% de las obras de arte del mundo que se encuentran en los museos no está exhibidas. Visito los depósitos de los museos para encontrar estas obras de arte y contar sus historias.

En lo personal, nací, crecí y he pasado la mayor parte de mi vida aquí en Miami. Estudié en Vassar College, una pequeña escuela de humanidades al norte de Nueva York, y viví dos años en Hakui, Japón, enseñando inglés en una escuela secundaria. Después de viajar unos meses y recorrer el mundo, incursioné en varias actividades comerciales, pero simplemente no era lo mío. Hace cinco años decidí dedicarme seriamente a la escritura y comencé Bookleggers Library paralelamente a mi carrera de escritor. Siempre he escrito, pero ganar dinero haciéndolo es algo que hago recientemente.

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Bookleggers Library, tráfico cultural de alta intensidad.

C.S.: El nombre Bookleggers suena un tanto clandestino, como aquello del bootlegging, el contrabando de alcohol en los Estados Unidos en los años 20 del siglo pasado…
N.S.: El nombre fue idea mía, pero el término booklegging es un concepto histórico. Se refiere a algo que se hace ilegalmente, principalmente lo obsceno, lo erótico, la pornografía, o a los libros ilegales o prohibidos. Tiene sus raíces en los años 20 en el tráfico o distribución de material impreso prohibido, que fue muy común especialmente desde Cuba, donde se imprimía material erótico o pornográfico que entraba de contrabando a la Florida y de ahí lo distribuían al resto de los Estados Unidos. Aunque muy pocas personas conocen o usan esta palabra, existen libros sobre este tema, e incluso hay ejemplos literarios; el más famoso es Guy Montag, protagonista de Farenheit 451 de Ray Bradbury, que esconde libros de los incendios de la opresión totalitaria.

¿Crees que los libros y la lectura son una especie en peligro de extinción?
No, creo que la lectura va a mantenerse inmodificable. Cuando Thomas Edison inventó la bombilla no dejamos de usar velas, ¿de acuerdo? En realidad la gente está leyendo más que nunca debido al Internet. Esa es la manera en que consumimos información hoy en día. Creo que algunas personas siempre necesitarán de los libros, pero cuando veo tantos y tantos libros me doy cuenta que hay muchos que simplemente no necesitamos. No necesitamos 15 millones de copias de libros como Harry Potter, o El código Da Vinci, o Cincuenta sombras de Grey. Uno puede leerlos y dárselos a otra persona. Además, francamente, imprimir tantos libros no es sostenible, estamos desperdiciando mucho papel.

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¿Tienes idea de cuántos libros tienen?
Realmente no los contamos. La colección rota tanto y tan rápidamente que no hay manera de hacerlo. Tampoco los catalogamos. Apenas los recibimos los guardamos en canastos de plástico y los etiquetamos para mantenerlos organizados de acuerdo a una lista de temas. Tenemos arte, libros en español, poesía, niños… así también organizamos los eventos de acuerdo a estos temas.

Miami tiene una población de habla hispana tan grande y tiene sentido para mí mantener libros en español para un evento. Recibimos libros en varios idiomas, pero pensar por ejemplo en eventos en francés o algo así no tiene ningún sentido.

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¿Has recibido alguna vez algún libro muy valioso, de ésos que uno dice, ¡wow!, no lo puedo creer?
Sí. Hemos recibimos algunos libros bastante valiosos y, de hecho, éticamente sería un poco extraño regalar un libro muy valioso, porque puedes acabar dándoselo a alguien que no lo aprecie o no entienda su valor. Por eso también hacemos eventos donde vendemos estos libros más valiosos o raros. Hemos recibido un par de obras extraordinarias. Tuvimos una primera edición de Borges impresa en Argentina, una primera edición de El principito, a nuestras mano llegó una primera edición original de El viejo y el mar de Ernest Hemingway, cosas realmente maravillosas. Para serte sincero, probablemente se me han escapado algunos de estos tesoros porque, como te decía, entran y salen tantos libros que no tienes tiempo de examinar uno por uno.

¿Por qué haces lo que haces?
Supongo que la respuesta corta es porque quería construir una biblioteca. La respuesta larga es porque… no sé cómo decir esto sin sonar terrible… soy una persona literata y esta es una vida literaria. Esa es la verdad.

Clarita Spitz: docente y bibliotecaria, Magister en Educación con énfasis en Estrategias Educativas para Biblioteca y Salón de Clases, Vermont College – Norwich University. Diplomada en Promoción de Lectura. Autora de numerosos artículos y de libros de cuentos infantiles, actualmente dedica su tiempo a escribir y trabajar en consultoría y liderazgo de talleres de Promoción y animación de la lectura.

*Una versión más extensa de esta entrevista puede encontrarse en la revista http://www.letraurbana.com

 

¡Hola, Netflix!

¿Qué ver en Netflix? Una mirada algunas de las series de la plataforma de TV por demanda.

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Kbdrawings – Watching TV – Flickr  

Por Alberto M. Coronado

Mindhunter: mi mejor amigo es un asesino en serie.

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Desde la aparición en 1991 de El silencio de los inocentes, filme dirigido por Jonathan Demme con las actuaciones de Jodie Foster y Anthony Hopkins, Hollywood vio en las producciones que exploraban los vericuetos de las mentes de los asesinos en serie una fórmula de éxito que mezclando dosis de morbo, violencia, y tramas detectivescas, le darían nuevos aires al Thriller psicológico. Pues bien, la fórmula de oro ha trascendido desde hace años del celuloide a la televisión y de aquí a la TV por demanda con series como Mindhunter, estrenada el pasado octubre en Netflix, y que narra las peripecias de los agentes especiales del FBI Holden Ford y Bill Tench, quienes se entrevistan con asesinos seriales encarcelados con el fin de conocer de primera mano los motivos que los llevaron a cometer sus crímenes y así crear perfiles psicológicos que les permitan prevenir y resolver asesinatos en serie.
Lo chévere: cuatro de los diez episodios de la primera temporada de la serie son dirigidos por David Fincher (El club de la pelea, Zodiac). Además, las actuaciones de los agentes especiales Ford y Tench, dos personalidades en contraste, nos llevan de vuelta a las series clásicas de investigadores norteamericanas.
Lo barro: la caracterización de algunos asesinos en serie que parecen no “creerse el papel”, le restan credibilidad a la historia.
No aguanta: serie no apta para sensibilidades y corazones blandos.

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Star Trek: Discovery, recargada pero mal actuada.

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Vuelven las aventuras espaciales de una de las franquicias de Ciencia ficción más antiguas de la televisión, esta vez protagonizada por Sonequa Martin-Green (The Walking Dead) y el actor británico Jason Isaacs en el papel de Gabriel Lorca, capitán de la nave USS Discovery. La misión de la serie, al igual que sus predecesoras, es la búsqueda de nuevos mundos, pero en esta ocasión un ‘choque de civilizaciones’ entre los no tan civilizados Klingon –que intentar reunir sus 24 casas– y la Federación Unida de Planetas, guían la trama de una producción que aunque en ocasiones hace agua en sus interpretaciones actorales, cumple con llevarnos de regreso, gracias a efectos especiales de última generación y nuevos personajes, a una versión contemporánea del clásico de Mr. Spock y su pandilla de exploradores estelares.
Lo chévere: aunque en esencia todos los personajes de esta versión de Star Trek son nuevos, la serie guarda el espíritu de la creación original del visionario Gene Roddenberry, hecho que garantiza episodios de buen entretenimiento.
Lo barro: a pesar de la calidad de los efectos especiales y su despliegue visual, en ocasiones esta pirotecnia no logra sumarle puntos a la trama de la serie.
No aguanta: las interpretaciones de los Klingon, los malos del paseo, están más cerca del registro de los Power Rangers que de otros antagonistas de versiones televisivas previas de Star Trek.

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Designated Survivor, la serie que debería ver Donald Trump.

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¿Qué sucedería si la noche de la posesión del Presidente electo de los Estados Unidos una poderosa bomba destruyera el Capitolio acabando con la vida de los miembros del congreso y la del primer mandatorio de los norteamericanos? La respuesta, en Designated Survivor (Sobreviviente designado), la serie de Netflix protagonizada por Kiefer Sutherland (24), es posesionar al bonachón e inexperto secretario de vivienda y desarrollo urbano Tom Kirkman (interpretado por Sutherland) como presidente de la primera potencia del mundo y restablecer el orden en medio de una peligrosa conspiración. En su primera temporada, el vértigo de la acción de este Thriller político, casi adictivo, nos lleva a devorar sus 21 episodios sin descanso, pero el efecto dramático decae en la segunda temporada, al parecer por la imposibilidad de mantener el mismo ímpetu narrativo previo. No obstante, Designated Survivor en su primer round paga con creces la boleta de TV por internet.
Lo chévere: aliste sus zapatillas deportivas porque los picos dramáticos de la primera temporada lo llevaran por una verdadera maratón televisiva.
Lo barro: la interpretación de Sutherland en el papel de Presidente de los Estados Unidos pareciera estar más cerca al rol de un pastor que al de un político líder de una potencia mundial, ¿o es esa la puritana intención?
No aguanta: el climax de la primera temporada parece ser imposible de superar por la segunda, a la cual solo le falta invención de una invasión extraterrestre para sacarla de su letargo.

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Stranger Things, Back to the future a los años 80.

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La joya del imperio Netflix y quizá la serie más vista de este servicio de TV digital, regresa con una segunda temporada escrita y dirigida magistralmente por los hermanos Duffer, quienes exploran nuevamente la delgada línea que separa la vida normal de los habitantes del condado de Hawkins, Indiana, de un oscuro suceso sobrenatural de implicaciones apocalípticas. En esta ocasión, los protagonistas de la serie deberán salvar a su pueblo del mal, encarnado en un siniestro híbrido, mitad portal a otra dimensión, mitad ser sobrenatural, que se extiende secretamente bajo tierra. La dosis acostumbrada de buenas actuaciones, gran dirección de arte –la ambientación y el vestuario de la serie nos transporta inequívocamente a la estética de los años 80–, la música incidental y su banda sonora, así como las constantes alusiones al cine de directores como Steven Spielberg y Stephen King, y en general a producciones cinematográficas con las que algunos crecimos como Goonies, Los caza fantasmas, E.T., Alien y Los archivos X, hacen de esta producción un fenómeno que nos lleva de regreso a la década dorada de la televisión.
Lo chévere: el guión y la dirección de la serie, construida con precisión de relojero, da lugar a una historia en la que la fantasía, el horror, el drama, y la comedia se roban la atención del televidente.
Lo barro: las expectativas acumuladas con el capítulo final de la segunda temporada parecen no corresponderse, pero no hay problema, una tercera temporada queda sugerida.
No aguanta: una sola cosa, que no hayan más temporadas disponibles de Stranger Things.

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Alberto M. Coronado: periodista y editor independiente . Ha trabajado para las revistas Dominical y Latitud, de El Heraldo, así como para diferentes fundaciones del ámbito cultural en el Caribe colombiano. Artículos suyos han sido publicados en las revistas Soho, de publicaciones Semana, y el portal web de música y cultura latinoamericana Sounds and Colours. Actualmente es editor de el e-zine Genio Tropical.

 

Alma

Cómo perder a tu girlfriend en dos sencillos pasos. Un cuento de Junot Díaz.

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Fotograma de Masculin – Fémenin, filme de 1966 de Jean Luc Godard.

Tú, Yunior, tienes una novia que se llama Alma, que tiene un cuello de caballo tierno y largo y un culazo dominicano que parece existir en una cuarta dimensión más allá de sus jeans. Un culo que podría sacar de órbita a la luna. Un culo que ella siempre despreció hasta que te conoció. No pasa un día en el que no quieres pegar la cara contra ese culo o morder los delicados tendones que se deslizan por su cuello. Te encanta cómo se estremece cuando la muerdes, cómo se resiste con esos brazos flacos que tiene, tan flacos que deberían protagonizar un documental.

Alma estudia en Mason Gross, es una de esas alterlatinas que escuchan Sonic Youth y leen comics, y sin la cual posiblemente jamás hubieras perdido tu virginidad. Se crió en Hoboken, parte de la comunidad latina cuyo corazón se quemó cuando en los años ochenta los edificios de los viejos proyectos de vivienda se consumieron en llamas. Pasó casi todos sus días de juventud en Losaida, y pensaba que ahí viviría toda su vida, pero entonces tanto NYU como Columbia dijeron nyt, y terminó aún más lejos de la ciudad que antes. Alma está ahora en una fase de pintora, y toda la gente a la que pinta tiene color de moho, se ven como si los hubieran dragado del fondo de un lago. Eres el tema de su última obra, en la que apareces recostado en la puerta de la calle, con los hombros caídos, y lo único reconocible de ti es esa mirada que dice: Tuve una niñez tercermundista terrible y todo lo que saqué fue esta mala cara. Te ha pintado un antebrazo gigantesco. Te dije que incluiría los músculos. En las últimas semanas, ahora que hace un poquito de calor, Alma ha abandonado el color negro y ha comenzado a ponerse unos vestidos de una tela tan fina que parece papel de tisú; un viento ligero la podría desnudar. Te dice que lo hace por ti: Estoy reclamando mi herencia dominicana (y no es mentira, hasta está estudiando español para poder atender mejor a tu mamá), y cuando la ves en la calle, pavoneándose y pavoneándose, sabes exactamente lo que está pensando cada tíguere que le pasa por el lado, porque tú también estás pensando exactamente lo mismo.

Alma es tan flaquita como una caña y tú eres un bloc adicto a los esteroides; a Alma le encanta manejar, a ti los libros; Alma tiene un Saturn, y tú no tienes ni una mancha en tu licencia de conducir; ella tiene las uñas demasiado sucias como para cocinar, y tu espagueti con pollo es el mejor del mundo. Son tan diferentes, ella voltea los ojos cada vez que pones las noticias y dice que no «soporta» la política. Ni siquiera se considera hispana. Se jacta ante sus amigas de que eres un «radical» y un domo de verdad (aunque en el Plátano Index no apareces ni en el último lugar, Alma siendo sólo la tercera latina con quien has salido). Alardeas con tus panas de que ella tiene más discos que ninguno de ellos y que cuando singan ella dice vainas terribles como una blanquita. Es más atrevida en la cama que ninguna de las jevas con las que te has acostado; la primera vez que estuviste con ella te preguntó si querías venirte en sus tetas o en su cara, pero aparentemente te faltó alguna lección en tu adiestramiento varonil y le dijiste: Hummm, en ninguna de las dos. Por lo menos una vez a la semana se arrodilla en el colchón frente a ti y mientras con una mano se hala los oscuros pezones, con la otra se toca sin dejar que la toques, sus dedos sobando su suavidad y en la cara una desesperada y furiosa expresión de felicidad. También le gusta hablar cuando hace de mala y te susurra: Te encanta mirarme, ¿verdad?, te encanta escucharme venir, y cuando termina suelta un gemido largo y demoledor y solo entonces te permite que la abraces mientras te restriega tus pegajosos dedos en el pecho.

Sí, es algo así como de atracción de polos opuestos, como de sexo estupendo y de no pensar. ¡Es maravilloso! ¡maravilloso! Hasta que un día de junio Alma descubre que también te estás singando a una bella muchacha de primer año llamada Laxmi, se entera de la rapadera con Laxmi porque ella, Alma, tu novia, abre tu diario y lo lee (por supuesto que lo sospechaba). Te espera en la entrada de la casa y cuando parqueas el Saturn te das cuenta que tiene el diario en la mano, y el corazón se te hunde igual que se desploma un gordo condenao por el hueco de la trampa en la plataforma de la horca. Te tomas tu tiempo para apagar el carro y por poco te ahogas en una tristeza pelágica; tristeza porque te descubrieron, pero también por el hecho incontrovertible de que jamás te perdonará. Miras esas increíbles piernas y también lo qué hay entre ellas, ese toto mucho más increíble aún, y que has querido tan inconstantemente en estos últimos ocho meses. Te bajas del carro solo cuando ella se dirige hacia ti echando chispas. Cruzas el césped como si estuvieras bailando, impulsado por los últimos humos de tu escandalosa sinvergüencería. Hey, muñeca, dices, recurriendo a evasivas hasta el final. Cuando empieza a gritarte, le preguntas: Darling, pero ¿qué te pasa?, y te dice:
mamagüebo
hijoeputa de mierda
domo arrepentío
Y declara:
que lo tienes chiquitico
que lo que tienes no es na
y lo peor de todo: que te gusta el toto con curry
(cosa que de verdad es injusta, tratas de explicarle, ya que Laxmi es de Guyana, no de la India, pero Alma no te pone atención)

En lugar de bajar la cabeza y asumir la responsabilidad como un hombre, recoges el diario como si fuera un pañal repleto de mierda, como si fuera un condón enlechao. Le echas un vistazo a los pasajes ofensivos. Entonces la miras y le sonríes una sonrisa que tu propia cara mentirosa recordará hasta el día que te mueras. Baby, dices, baby, esto es parte de mi novela.

Y así es como la pierdes.

* Cuento publicado en Así es como la pierdes, Junot Díaz, Mondadori, 2013.

Junot Díaz: (Santo Domingo, 1968) Escritor norteamericano de nacionalidad dominicana, ganador del premio Pulitzer 2008 por La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Es profesor de escritura creativa en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y editor de la revista Boston Review.